Durante los últimos días, la que sería (por los buenos indicadores económicos que deja el actual gobierno) una transferencia tranquila y optimista se viene opacando por un dime y direte entre el actual presidente y el próximo, el ex presidente Alan García. Frente al sorprendente crecimiento en la aceptación popular del saliente presidente en los últimos días, se ha sumado una campaña mediática para desacreditarlo y decir que lo que recibe el próximo gobierno no es un paraíso ni un éxito sino una bomba de tiempo. Esta campaña mediática, la cual busca rebajar el triunfalismo y las expectativas del pueblo frente al nuevo gobierno, para mi entender, no logrará rebajar en mucho la popularidad de Alejandro Toledo y sí muchísima la de Alan García, no solamente porque al comparar los resultados de ambos gobiernos (2'178,482 de inflación acumulada durante el gobierno de García frente a poco mas de 10 en el gobierno de Toledo,
-150 millones de dólares en reservas internacionales en el gobierno de García frente a más de 14 mil millones en el gobierno de Toledo) es evidente que quien sale perdiendo es García, sino que dicha aptitud lo aleja de la imagen de líder y lo pone en la fila de los temerosos. Poner un parche antes que se rompa el pantalón, es la nueva percepción sobre Alan García y poco favor le hace a su nuevo gobierno. Grave error de sus comunicadores de imagen (si es que aún los conserva). ¿Qué hacer?. Un buen estadista y presidente sabe reconocer los éxitos del anterior gobierno y a la vez decir, ahora yo lo haré mejor corrigiendo sus errores. Un buen estadista no es aquel que ve el pasado sino que reconociendo este nos guía hacia el futuro, no es aquel que destruye la casa sino construye un más solido y bello segundo piso. Es un Moisés que siendo humano nos lleva a la tierra prometida o al menos intenta hacerlo. García no quiere volver a generar expectativas como en su anterior gobierno, pero con sus críticas está produciendo solamente una percepción en la gente de que está asustado para gobernar. Como afirmamos en la conferencia en el Instituto San Ignacio de Loyola, el marketing político no solo sirve para procesos electorales, a Alan García le hace falta un asesor deimagen.
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